El fin de semana pasado, como muchos de ustedes, devoré la primera temporada (de 10 episodios) de la serie Mindhunter, la nueva producción de la compañía de entretenimiento Netflix. Cuando me enteré hace meses de algunos detales de ella, me prometí verla tan pronto como se estrenara. Fue creada por Joe Penhall (autor de la mayoría de sus guiones) y cuenta con la producción ejecutiva de David Fincher y Charlize Theron, una dupla que tiene afortunadas incursiones en el tema. Sus avances sólo aumentaron mi curiosidad. Debo decir que recompensó con creces mis altas expectativas. Se basa en el libro homónimo de John Edward Douglas y Mark Olshaker, un recuento de las experiencias del primero (actualmente retirado luego de una trayectoria de 25 años) de sus días como Agente Especial en la Unidad de Ciencias del Comportamiento del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos. Por ello, instantáneamente evoca El silencio de los inocentes (Jonathan Demme, 1991), aunque estilísticamente tiene una deuda mayor con el noveno largometraje de Fincher, Zodiaco (2007).

La historia inicia en 1977 y sigue la carrera de Holden Ford (Jonathan Groff), un negociador de rehenes y posterior docente en la famosa Academia de Entrenamiento de la institución, ubicada en Quantico, Virginia. Por sus talentos y perfil perspicaz, y con la bendición de su superior Shepard (Cotter Smith), es reclutado por el veterano Bill Tench (Holt McCallany) para integrarse a esa unidad de elite. Posteriormente se une a ellos la profesora en psicología Wendy Carr (Anna Torv), quien da dirección a su proyecto: entrevistar a asesinos convictos para obtener información sobre su conducta y antecedentes. Los tres advierten, contra la resistencia de muchos de sus colegas y superiores, que es necesario penetrar en la mente de los criminales que operaban sin motivos aparentes para poder capturarlos. “¿Cómo podemos lidiar con los locos si no sabemos cómo piensan?”, pregunta Tench a su jefe. El trío principal de investigadores se inspira en los sabuesos de la vida real: John E. Douglas, Robert Kenneth Ressler y Ann Wolbert Burgess. Y aquí es donde me pregunto por qué, si se sustenta en situaciones y personajes documentados por la Historia, evitaron usar sus nombres reales. Pero eso no tiene la menor importancia.

La serie evita las convenciones del policial común, con sus protagonistas glamorosos, persecuciones trepidantes, golpes, maromas, tiroteos y apariencia arrancada de un video clip. En cambio apuesta por locaciones austeras y una fiel recreación de época, aderezada por la música del momento, de Do you feel like we do de Peter Frampton o Baker Street de Gerry Rafferty a la infaltable Psycho killer de los Talking Heads. Se muestran las historias personales de los cazadores (cosa inevitable pues todos somos animales sociales) sólo lo necesario, como las dificultades maritales de Tench, el drama de Ford con su joven novia o la relación lésbica de Carr (su pareja es Lena Olin) Y lo que en particular me fascinó: sus encuentros con los monstruos verdaderos Edmund Kemper (Cameron Britton), Jerome Brudos (Happy Anderson), Richard Speck (Jack Erdie) y el inicio de los crímenes de Dennis Rader (Sonny Valicenti), a quien la posteridad recuerda por el infame nombre artístico de BTK. Recordemos que nos encontramos en la era dorada del asesinato en serie. De hecho, somos testigos de cómo se acuña el término.

Toda la información que reúnen contribuirá en 1985 para la creación del Programa para la Aprehensión de Criminales Violentos (VICAP, por sus siglas en inglés), poderosa herramienta nacional que se nutre de información provista por todos los Departamentos de Policía de la unión americana. Estas son algunas de las cosas por las que no puedo esperar por su segunda temporada.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico.

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Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.