Por Eric Ortiz García

Después de dedicarse por varios años a la expansión de la franquicia que se originó con la exitosa [•REC], dirigiendo [•REC]³: Génesis en solitario, el español Paco Plaza estrenó La posesión de Verónica (Verónica) en 2017. Esta cinta pertenece al subgénero del terror que está enfocado en las posesiones demoníacas. Hay varios elementos genéricos -como el uso de la ouija- pero también están aquellos que le dan su propia personalidad.

El guión, escrito por Plaza y Fernando Navarro, está inspirado en el único caso en España donde el oficial de la policía a cargo declaró que había un factor paranormal involucrado. Plaza y Navarro tomaron la parte esencial del caso -la muerte de una adolescente y dicha declaración del oficial- para construir un relato ficticio sobre Verónica (Sandra Escacena), una jovencita que al tratar de comunicarse con su difunto padre, provoca la aparición de un misterioso ente maligno que la aterrorizará a ella y a sus tres hermanos menores.

La posesión de Verónica es un filme de época que sucede del 12 al 15 de junio de 1991 en un barrio de Madrid, España. Por ende, Plaza regresa a su propia adolescencia y trae de vuelta la música de Héroes del Silencio y las camisetas del Rayo Vallecano, mientras que desarrolla un relato coming-of-age en el que Verónica es forzada a madurar y cuidar de sus hermanos ante la ausencia de su madre (quien tiene que trabajar todo el día) y la desconcertante presencia paranormal.

Plaza fue uno de los invitados especiales en la décima edición de Mórbido. Su primera parada fue el Autocinema Coyote, donde celebró los 10 años de [•REC], la película con la que él y Jaume Balagueró se dieron a conocer a nivel internacional. Posteriormente, Plaza estuvo presente en una función especial de La posesión de Verónica, donde tuve la oportunidad de entrevistarlo.

Han pasado 10 años desde que le dieron una bocanada de aire fresco al subgénero del found footage con [•REC]. Ahora vuelves a trabajar en un subgénero, el de posesiones, que puede llegar a ser un cliché; sin embargo, logras una de las películas recientes más destacadas. ¿Cómo es el proceso para hacer una cinta diferente a partir de algo que todos hemos visto en incontables ocasiones?

Yo creo que lo que sería un error es intentar hacer algo nuevo; lo que es nuevo es que lo cuentes tú.

En el caso de La posesión de Verónica, es una película con la que estoy unido biográficamente. Yo tenía la edad de Verónica en esa época, sus recuerdos son mis recuerdos, en la película hay muchos guiños a mi infancia, mi familia, cómo era mi barrio; yo no vivía en Vallecas sino en Valencia, pero vivía en un barrio popular muy similar.

Como dices, coger un cliché o un arquetipo narrativo de género y aplicarle la óptica personal es lo que hace que sea fresco o por lo menos diferente, porque es tuyo.

¿Qué tan divertido fue revivir esa época? Está la música de Héroes del Silencio, por ahí noté la playera del Rayo Vallecano…

Fue divertidísimo. Pedimos al equipo que nos dieran fotos de sus familia del año 90, 91 o 92, y fuimos copiando detalles literales. Las portadas de Héroes del Silencio de Popular 1 son las revistas que yo tenía cuando era fan de Héroes en esa época. Entonces había una cosa muy bonita, sobre todo para quienes teníamos más edad en el equipo, en estar recreando esta infancia una vez más.

La posesión de Verónica se puede leer como una historia coming-of-age. La jovencita protagonista es forzada a madurar pronto, porque su padre ha muerto y su madre está ausente. ¿Cuál fue el reto al incorporar este relato dentro de una cinta de género?

La posesión de Verónica es básicamente la historia de una niña obligada a ser mayor y que empieza a sentir la mutación de la adolescencia, una época en la que te conviertes en mutante: tu voz cambia, en el caso de los varones nos sale pelo en la cara, y en el caso de las mujeres es incluso más traumático porque a estos cambios físicos que evidentemente sufren en su cuerpo, se une el cambio que el mundo genera hacia ellas. Los hombres no se dirigen igual a una niña que a una jovencita, ellas empiezan a notar que las miran y les hablan de otra manera.  Verónica sigue siendo la misma, es una niña, pero empieza a notar cómo alrededor la gente se comporta diferente y eso genera una vulnerabilidad, una fragilidad y un terror.

Tampoco inventamos nada, porque es el personaje de Carrie, cuando tus cambios te generan una angustia existencial porque no te sabes relacionar con el mundo alrededor ni contigo misma. Por eso pensaba que era el personaje perfecto para una cinta de este tipo.

En el caso más o menos real en el que nos inspiramos, la protagonista tenía 18 años, pero al estar hablando de la frontera entre la realidad y la fantasía, la vida y la muerte, me interesaba mucho que ella misma estuviera también en una frontera, entre ser una niña y ser una joven.

En términos de estructura, desde el principio anuncias que algo le va a pasar a Verónica. Entonces el horror es ver el cómo y también ver que todos le dan la espalda: sus amigas la abandonan y su mamá no le cree.

Me gusta mucho que digas esto porque para ella es igual de aterrador que aparezca un ser demoníaco y que sus amigas no la inviten a una fiesta. Eso es terrorífico para un adolescente, sentir que tus amigos te desplazan o no sentirte integrado. Esa angustia existencial que ya tienes se combina muy bien con lo paranormal.

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