Concluimos con éxito e incontables satisfacciones la décima emisión de Mórbido. Es hora de tratar asuntos largamente pospuestos. Esto tiene que ver con los cimientos de mi admiración por el género que nos hermana. Estoy seguro que es un sentimiento compartido por los que, como yo, deseaban creer.

Han pasado varios meses desde el estreno en pantalla grande de La Momia (Alex Kurtzman, 2017), cinta que pretendía revivir el esplendor de los monstruos clásicos de los Estudios Universal, los cuales apuntalaron el poderío y reputación de esa compañía en los albores de la cinematografía como gran industria. Siguiendo el ejemplo de los Estudios Marvel, y asumo que consciente de su enorme potencial emotivo y económico, su director y principal impulsor Kurtzman –colaborador cercano de J. J. Abrams y al que concedo junto con Roberto Orci el mérito de traer de regreso Viaje a las Estrellas y la teleserie Fringe– decidió hacer un delicioso puré con todos los personajes horrorosos del momento, en el que se decidió bautizar como Universo Oscuro. Incluso sus créditos institucionales utilizaban el globo terráqueo emblemático de la productora que paulatinamente viraba hacia un firmamento tenebroso. El entusiasmo pudo avivarse cuando se publicaron fotografías promocionales con el elenco que conformarían sus futuras producciones: Javier Bardem como La criatura de Frankenstein, Johnny Depp como el Hombre Invisible y Russell Crowe como el Dr. Henry Jekyll.

Mis reservas iniciaron simultáneamente cuando se anunció que la película sería protagonizada por la superestrella Tom Cruise y la argelina Sofia Boutella –la asesina Gazzelle en Kingsman, el servicio secreto y la espía francesa Delphine que enamoró a Charlize Theron en Atómica– como la amenaza a derrotar. Al transcurrir los meses, sus avances confirmaron lo que temía. La historia escrita por David Koepp, Christopher McQuarrie y Dylan Kussman (tantos guionistas no suelen ser un buen augurio) es un vehículo para el lucimiento de su estrella, un espectáculo veraniego lleno de grandes pirotecnias digitales y acción trepidante, no distinta a lo que ya hemos visto en la saga Misión: Imposible –también diseñada a la medida de Cruise-, en Transformers o Rápido y furioso –ya no sé en qué entrega van las últimas dos franquicias-. Nunca he sido enemigo del matrimonio de géneros, pero en este caso el horror es sepultado por la aventura y la comedia. Y a pesar de que narrativamente las cosas han evolucionado desde entonces, las películas de Universal eran genuinas obras de horror. Las reacciones de sus primeros espectadores fueron contundentes y ampliamente documentadas por la Historia. Por ello esta intentona me pareció dos veces indignante. Lo dije –con ninguna elegancia- en redes sociales cuando la vi en video hace algunas semanas: “La Momia de 2017 es el equivalente a orinar en las tumbas de tus bisabuelos”.

En perspectiva esto es algo que ya se había hecho –con mayor fortuna- por Stephen Sommers en el distante 1999 en su díptico La Momia y La Momia regresa (2001), al grado de derivar en una caricatura, el spin-off El Rey Escorpión (2002) y una tardía tercera parte La Momia: la Tumba del Emperador Dragón (Rob Cohen, 2008). Todas (sobre todo las dos primeras) fueron grandes éxitos de taquilla. Incluso el ensayo del propio Sommers, Van Helsing, cazador de monstruos (2004), fue relativamente redituable pese a sus malas reseñas. Así que todo parecía a prueba de errores.

Pero en el año 2017, la dirección fue equivocada. Su costo rozó los 200 millones de dólares y hasta el momento ha recaudado poco más del doble. En un momento donde el Dios Dinero determina el futuro de muchos proyectos, el panorama es incierto para el Universo Oscuro. Según reportes, Kurtzman considera saltar del barco a pesar de que anunció en su momento “sabemos que vamos a hacer Frankenstein, La Novia de Frankenstein, Drácula, La Criatura de la Laguna Negra, El Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El Fantasma de la Ópera, El Jorobado de Notre Dame y El Hombre Invisible”. En octubre pasado Universal anunció que posponía indefinidamente La Novia de Frankenstein, que tenía ya una fecha de estreno (14 de febrero de 2019) y sería estelarizada por Bardem y Angelina Jolie bajo la batuta de Bill Condon. ¿Esta decisión significa que Universal sabía que se dirigía hacia el desastre?

Parecía que no escarmentaron con el cuestionable resultado de Drácula: la historia jamás contada (Dracula untold, Gary Shore, 2014), filme que pretendía reiniciar todo. En cambio, desaprovecharon la línea que seguía la reelaboración de El Hombre Lobo (Joe Johnston, 2010). Es cierto que fue un fracaso en taquilla (ni siquiera recuperó su costo de 150 millones de dólares), pero tenía la autenticidad de erigirse como una película de horror como las que iniciaron todo hace 86 años. Presentaré mis alegatos en su defensa la siguiente semana.

Post scriptum. Escribí lo que acaban de leer hace un par de días. Hace unos momentos acabo de descubrir que parece que tengo boca de profeta. Según el portal de The Hollywood Reporter, el Universo Oscuro se pospone indefinidamente con la salida de Kurtzman y Chris Morgan –su coproductor- del proyecto. Por el momento, las cosas acabaron mal.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico.

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Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.