Anoche, Guillermo del Toro ganó el Globo de Oro por Mejor Dirección de una Película de Drama. No discutiremos la relevancia de los premios en general ni la muy válida discusión de género durante la ceremonia, sino que, finalmente, voltearon a ver el cine de género y a uno de sus mejores exponentes: el mexicano Guillermo del Toro.

Para nosotros, los que todavía tuvimos un teléfono de disco y que instalamos Windows 95 con 13 discos, el nombre de Guillermo del Toro es ya parte de nuestro disco duro. De nuestro sistema operativo. Desde los episodios de Hora Marcada y muy particularmente desde que, por medio de muestras de cine y ciclos universitarios, vimos el nacimiento de un nuevo mito del vampiro en Cronos, la invención del tiempo se quedó con nosotros para siempre.

 

Para quien les escribe, Con todo para llevar, uno de los episodios que dirigió en Hora Marcada, siempre fue inquietante. Después de darse cuenta de que su refrigerador está prácticamente vacío, un hombre decide acudir a Rooney’s, un exitoso restaurante de hamburguesas que abre las 24 horas. Mientras come ocurre un incidente con uno de los empleados, mismos que siempre están dentro de una botarga sonriente. Entonces interviene el gerente, un tipo de modales refinados que bien podría haber inspirado la actitud reservada y servicial de Gustavo Fring en Breaking Bad y Better Call Saul. El gerente le comenta que siempre hay un problema con los empleados del último turno y, desde luego, la realidad es mucho más oscura de lo que parece.

Pero es a partir de Cronos que Guillermo del Toro nos muestra que el mundo de los monstruos puede ser maravilloso. Los nuevos vampiros y aquellos que los cuidan. Los fantasmas y su trágica relación eterna con aquello que guardan. Un demonio destinado a terminar con la vida en el planeta… pero que tiene decenas de gatitos. Una chica que vive en un mundo de monstruos reales y que escapa a otro de monstruos imaginarios, pero mucho menos temibles. Y, finalmente, la historia de amor entre una criatura acuática y una mujer muda, ambos considerados freaks. Pero, como diría el mismo Guillermo a través de Abe Sapien: todo lo que tenemos los fenómenos, es los unos a los otros.

Es un trabajo de dos décadas y media, desde una extraña y oscura serie de TV en Televisa (el lugar más improbable de todos) y que el mismo Guillermo sabe, desde el inicio, que no ha sido fácil. Ese amor por los monstruos, por esos reflejos de nuestra propia y fragmentada humanidad, es lo que lo ha mantenido trabajando. Y es lo que hizo que, por única ocasión dentro de la transmisión de los Globos de Oro de este año, la orquesta que indica que los ganadores deben cortar su discurso, guardara silencio a petición del director. Fue un gran momento. Felicidades, Guillermo del Toro. Seguramente te veremos en los Premios de la Academia.

 

A continuación, el discurso de aceptación de Guillermo del Toro.

Desde niño, he sido fiel a los monstruos. He sido salvado y absuelto por ellos porque los monstruos son, creo, los santos patronos de nuestra dichosa imperfección y nos permiten y personifican la posibilidad de que podamos fallar y seguir viviendo. Por 25 años he creado pequeñas y muy extrañas historias, hechas de movimiento, color, luz y sombras. Y en muchos casos, en tres en particular, estos cuentos extraños, estas fábulas me han salvado la vida. Una vez, con El Espinazo del Diablo. Una vez, con El Laberinto del Fauno. Y ahora, con La Forma del Agua. Porque, como directores, estas cosas no son solo entradas en nuestra filmografía. Hemos hecho un pacto con un diablo particularmente ineficiente que por tres años de nuestras vidas, nos da un crédito en IMDB y estas películas son nuestra biografía, nuestra vida.

 

Quiero agradecer a La Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, Fox Searchlight. Y no estaría aquí…

 

(La música empieza a sonar)

 

… bájenle a la música, chicos, esperen un segundo. Me ha tomado 25 años, denme un minuto.

 

(La música sigue)

 

No estaría aquí sin mi elenco y mi equipo.

 

(La música se detiene)

 

Y quiero mencionar a algunas fantásticas mujeres que están sentadas en esta mesa. Sharon, Nancy, Octavia, Sally, Kimmy y Vanessa, sin quienes no estaría aquí. Se los agradezco. Mis monstruos se los agradecen. Y, desde algún lugar, Lon Chaney está sonriendo sobre todos nosotros. Muchas gracias.

Nota adicional: mientras el resto de Hollywood llenaba su cuenta en Instagram con las fotos de las fiestas después de la ceremonia, Guillermo se enfiló a In&Out y es inevitable pensar, de nuevo, en ese viejo episodio de Hora Marcada.

Share: