-Por  Luis Garcia Roiz

La obra de Amat Escalante es de un tipo de cine que se exhibe en festivales, con problemáticas sociales y mucho muy lejos del cine de género, pero con la Región Salvaje, Escalante hace un híbrido entre drama hiperrealista, ciencia ficción y terror tentacular. Sí, ése mismo del anime japonés, tipo Urotsukidoji, ése hentai en donde pulpos monstruosos atacan a jóvenes indefensas. Desde la primera secuencia de La región salvaje, vemos que existe una anomalía en la historia: un gran meteorito se ve lentamente en el espacio, posiblemente para colisionar con la Tierra, para después pasar a una escena con una chica, Verónica  (Simone Bucio en su debut cinematográfico) seducida por un largo tentáculo en una cabaña en las afueras de la ciudad. Este ser es capaz de proporcionar placer y dolor simultáneamente.

Mientras todo esto sucede, una pareja mayor vive en junto a ese lugar, guarda un secreto de cómo cayó del espacio exterior, a semejanza del cuento del maestro del terror cósmico Howard Phillips Lovecraft El color que cayó del cielo. También es la historia de una pareja, Alejandra (Ruth Ramos) y Ángel  (Jesús Meza) quienes viven en Guanajuato, ellos tienen dos hijos y son la típica familia de clase media que se enfrenta con los problemas cotidianos. Sus relaciones son monótonas y mecánicas, pero Ángel engaña a su mujer con el hermano de ella, una relación homosexual consentida pero paradójica por la homofobia que a veces siente Ángel.

El hermano de Alejandra, Fabián (Eden Villavicencio)  es un médico en una clínica local y ahí mismo conoce a Verónica, la chica de la cabaña, quien llega a él por una lesión infligida por el monstruo. Verónica tiene la extraña misión de encontrar víctimas para la extraña criatura. Escalante, un director nacido en Barcelona, con una sólida obra dramática como Heli, ganadora del premio ganadora de mejor dirección en 2013,  y Los bastardos se arriesga en este tipo de cine más de género, pero sin descuidar sus influencias dramáticas. La fotografía del chileno Manuel Alberto Claro, el mismo de las cintas de Lars Von Trier Melancolía y Ninfomanía, le da un ambiente espectral y realista a todas las escenas de la película.

Lo impecable del diseño de arte y efectos especiales hace que sea una sensación de terror grotesco, que logra sorprendernos y causando angustia y terror. A veces La región salvaje parece una pesadilla salida de la mente de David Cronenberg o en algunos momentos nos recuerda a La posesión de Zulawski, incluso la joven Verónica se asemeja a veces a esa Isabelle Adjani, en cuanto a su delicadeza e inocencia corrompidas. Escalante dice no haber leído a Lovecraft como inspiración, pero  sin duda el genio de Providence está presente como espíritu en forma de los primigenios arquetípicos. Todo esta sensación de verosimilitud entre la fantasía y la realidad no hubiera sido posible sin la intervención del estudio danés de efectos visuales Ghost VFX, que hacen un trabajo impecable con el diseño y creación de la criatura y una orgía de animales que acontece en otra escena.

El monstruo vuelve ser un personaje muy especial y muy importante, que nos hace preguntar quiénes son los verdaderos monstruos: el machismo y la homofobia de la sociedad mexicana. Este película sorprende el panorama de la cinematografía mexicana, que por lo general produce comedias románticas y refresca el panorama del cine de género en México y abre otras posibilidades a otros creadores que se arriesguen como Escalante lo logró con esta perturbadora historia.

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