Etiquetar a las películas de superhéroes me coloca ante un auténtico aprieto. ¿Podemos inscribirlas dentro de géneros como la fantasía, la aventura o la acción? ¿Deben considerase un subgénero de la ciencia ficción? ¿Reúnen, a través de su insistente presencia en la cultura popular, los elementos –personajes, códigos, escenarios- para constituir un género cinematográfico? Lo cierto es que, aunque cautiven nuestra imaginación y ofrezcan la posibilidad de retratar los mejores valores de la naturaleza humana, se han explotado casi hasta el hartazgo en nuestra era. Basta echar un vistazo a su espécimen más reciente –elija el de su preferencia-, y seguramente se encontrarán ante una pirotecnia visual diseñada para arrastrar a los grandes públicos a las salas de cine y que consuman todo tipo de alimentos y mercadería.

Esa puede ser una de las razones del desprecio de más de uno. Son muy conocidas las declaraciones de nuestro condecorado paisano Alejandro González Iñárritu, quien las considera un genocidio cultural. Nos guste o no su trabajo, es una voz autorizada para hablar del tema. “A veces me divierten porque son básicas y simples y van bien con las palomitas”. No deja de resultar irónico que Birdman, o la inesperada virtud de la ignorancia (2014), su quinto largometraje, posea un reparto surgido de este mundo: Michael Keaton es uno de los intérpretes de  Batman más queridos, Emma Stone fue el interés amoroso de El Hombre Araña en un reciente y frustrado díptico y Edward Norton es uno de los responsables de dar vida al furibundo Hulk en la gran pantalla. En lo que coincido con González Iñárritu, es que la industria las ha exprimido sin misericordia, arrebatándoles en muchos momentos del carácter que distinguía a sus protagonistas. En su forma original, el estudiante y fotógrafo Peter Parker no sólo luchaba con sus enemigos y las dificultades económicas de la clase media-baja de la que provenía, sino era el mejor ejemplo de inteligencia, constancia e independencia. Recordemos que, con sus sobresalientes conocimientos científicos, él mismo construyó su traje de batalla y sus dispositivos lanzadores de telarañas. En su esperada incorporación al universo fílmico de la compañía que lo vio nacer (Spider-Man: De regreso a casa, John Watts, 2017), se los regala el potentado Tony Stark. Pero volvamos a lo central.

Las películas de superhéroes son generalmente galardonadas en círculos especializados del mundo de la historieta. Como las de horror y fantasía, suelen ser menospreciadas por la sabia Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, que se limita a reconocerlas en rubros técnicos. Así ocurrió con la ya clásica adaptación de Supermán (Richard Donner, 1978), ganadora de un premio especial por sus efectos visuales y nominada por su sonido, edición y mítico tema musical compuesto por John Williams. Tengo muy claro que Batman (Tim Burton, 1989) le valió un premio a Anton Furst y Peter Young por su Dirección de Arte. Raro fue el merecidísimo Óscar póstumo que recibió Heath Ledger –aceptado por su madre y hermana- por su Guasón en Batman, el Caballero de la Noche (Christopher Nolan, 2008). En cambio, ha honrado trabajos tan medianos como el maquillaje de Escuadrón Suicida (David Ayer, 2016). Por eso, el anuncio del pasado martes 23 de enero me pareció tan inusual, justo y a la vez insuficiente: Logan (James Mangold, 2017) fue nominada en la categoría de Mejor Guión adaptado.

Scott Frank, Michael Green y el mismo Mangold, con base en las series de cómics Old man Logan de Mark Millar y Steve McNiven y Weapon X de Len Wein y John Romita, padre, concluyeron el viaje del entrañable personaje que conocimos en Hombres X (Bryan Singer, 2000), cinta que inició el “genocidio de Iñárritu” y nos presentó oficialmente al hoy laureado Hugh Jackman. Logan es una de las mejores piezas de su tipo y el último saludo al escenario perfecto que desearía todo actor. Como ya dije, abreva de elementos del western, del road movie e incluso del cine negro –su versión Logan: noir es muy recomendable-, con un desenlace que pone a prueba al espíritu más templado: “Ahora corre a casa. Ve con tu madre y dile que todo estará bien, que ya no hay pistoleros en el valle”. Ese momento conmovió incluso al rudo corazón del cantinero Moe Szyslak.

Hace varios meses, después de verla, cerré mi participación Mórbida semanal así: “Haciendo a un lado cualquier apasionamiento, sin que medie mi enorme afición por el género, en un mundo donde Escuadrón Suicida ganó un premio por un nada sobresaliente maquillaje, Logan merece estar nominada –en al menos una categoría mayor- en los Premios de la Academia de 2018”. No tuve enteramente boca de profeta, porque debió contender como Mejor Película. Muchos se desilusionaron –incluso se molestaron- porque Mujer Maravilla (Patty Jenkins, 2017) no fue considerada en absoluto. Yo no juzgo a la Academia. Con todo lo que me sorprendió –y disfruté-, reconociendo sus enormes méritos, no amerita mayores recompensas. Pero ese es otro tema. Por lo pronto, espero que Logan triunfe el próximo 4 de marzo. Representaría el giro que los superhéroes del celuloide necesitan y que se les trate con el respeto que merecen.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico.

 

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Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.