Nunca terminaré de agradecer a la joven Mary Shelley por escribir una de las novelas que más me ha marcado como lector, una obra con lecturas inagotables. En el pasado he escrito ampliamente sobre ella. Hoy dedico este espacio a un ejemplo contemporáneo que demuestra su perdurabilidad.

Me refiero al serial televisivo británico de seis capítulos Las crónicas de Frankenstein, creado por Benjamin Ross y Barry Langford, cuyo primer episodio apareció en el mes de noviembre de 2015 y fue unánimemente acamado por la crítica. Lejos de confirmar el poder y vigencia del relato de Mary, me resultó especialmente valioso porque habla tangencialmente de la constitución de los cuerpos policíacos como los conocemos. Nos encontramos en la ciudad de Londres en el año 1827, una urbe insalubre y pauperizada con enormes contrastes Estamos en la víspera de la aprobación de la llamada Acta de Anatomía  de 1832, un decreto parlamentario que reguló el tráfico ilegal de los cadáveres tan requeridos por las escuelas de Medicina y que puso fin a infames carreras como las de los escoceses William Burke y William Hare, quienes asesinaron a 16 personas –por lo que se sabe- para vender materia prima fresca a un médico de dudosa ética llamado Robert Knox. Pero esa es otra historia. John Marlott (Sean Bean) es un oficial rivereño del escuadrón conocido como los Bow Street Runners –que vestían como civiles, sin ningún distintivo oficial- que descubre el cadáver de un niño en las orillas del Támesis. El cuerpo está lleno de costurones quirúrgicos, para el desconcierto del investigador. Urge a sus superiores para que un médico examine los restos, quienes acceden a regañadientes. La revelación es terrible. Está construido con partes de ocho pequeños desaparecidos. Sir Robert Peel (Tom Ward), el Ministro del interior, le asigna el caso. En la pesquisa entrevista al poeta, pintor y grabador William Blake (Steven Berkoff) y a la misma Mary Shelley (Anna Maxwell Martin), una señora madura cuya creación –o su espíritu- se encuentra en el centro del misterio.

El programa es visualmente deslumbrante en su simplicidad, con una muy correcta recreación de época. Y poseen una presencia poderosa, como en la novela de Mary, las investigaciones sobre la electricidad de los científicos italianos Alessandro Vola y Luigi Galvani, las cuales son primordiales en la película que el inglés James Whale nos ofreció poco más de un siglo después. Todo ello convierte a la serie en un gozo de principio a fin. Existe ya una segunda temporada, también de 6 episodios, que espero ver a la brevedad.

Y la virtud que mencioné al principio. Los Bow Street Runners evolucionaron, por iniciativa de Peel y con consejos del francés Eugene François Vidocq, en la corporación conocida como Scotland Yard. Sus tradicionales Bobbies, con su uniforme azul y sombrero característico, fueron bautizados en el imaginario popular en su honor. Eran los hombres de Robert. A lo largo de los años han perseguido horrores reales y ficticios. Estuvieron tras los pasos del asesino al que los medios de su época nombraron Jack el destripador o trataron de impedir que un hombre lobo saliera de un cine pornográfico en Picadilly circus en el desenlace de una película que todos adoramos.

La Criatura de Mary tiene una larga vida por delante.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor en materia literaria de Mórbido. Escribió la obra de teatro “El hombre que fue Drácula” y es co-conductor del programa de radio “Horroris causa”.

Share:
Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.