Servando González Hernández nació en esta Ciudad de México el 15 de mayo de 1923 y falleció aquí mismo el 4 de octubre de 2008, hace exactamente una década. Fue un hombre que se forjó en el corazón de la naciente industria fílmica nacional, donde ocupó muchas posiciones a lo largo de su vida; comenzó cuando era niño como un humilde mensajero en los Estudios CLASA hasta desempeñar cargos directivos en los Estudios Churubusco y en la Dirección General de Cinematografía en la Secretaría Gobernación. Era, por sobre todas las cosas, un narrador nato. Lo demostró desde su primer largometraje, Yanco (1960), ganador en la semana del Cine Católico de Valladolid, España y del Águila de Oro del Instituto Colombiano de Cultura Hispánica en Cartagena, Colombia. A ella le siguió una breve pero sustanciosa filmografía donde transitó fundamentalmente por el drama, como la poderosa Viento negro (1964) y la poco conocida El asesino de los tontos (The fool killer, 1963). La cinta no sólo lo convirtió en el primer director mexicano que rodó en Hollywood (antecedente claro de Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu o Guillermo del Toro), sino la codirigió al  lado de Anthony Perkins, a quien todos conocemos como el asesino Norman Bates en la indispensable Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock. Y lo más curioso es que lo hizo sin conocer un ápice del idioma inglés, con indicaciones “de bulto”, aprovechándose de la comunicación no verbal.

Los aficionados del cine de horror siempre debemos recordar –y agradecer- a Servando González por una obra mayor del género que no ha recibido el reconocimiento que se merece: El escapulario (1968), inspirada en el cuento Lanchitas (1878) de José María Roa Bárcena, una espléndida narración que ocurre en la misma noche del estallido de la Revolución Mexicana escrita por Jorge Durán Chávez, Rafael García Travesi y el propio Servando, que cuenta con estupendas actuaciones –de Enrique Lizalde, Carlos Cardán, Ofelia Guilmáin, Alicia Bonet, Eleazar García, Jorge Russek, Jorge Lavat y José Carlos Ruiz, muchos de ellos parte del elenco de Viento negro– y una brillante fotografía de Gabriel Figueroa. Irónicamente, la indignante tragedia que ocurrió el año de su estreno empañó sus valiosas aportaciones a la Cinematografía Nacional. Por ellas merece pasar a la Historia. Tenemos el deber de mantenerlo vivo.

Su nieto, el talentoso artista visual y arquitecto Enrique Rosas, me brindó  generosamente estas dos imágenes, inéditas en el mundo virtual. La primera fue tomada durante la filmación de Viento negro, mientras la segunda documenta una pausa en El asesino de los tontos –Anthony Perkins está a la extrema izquierda y en el lado opuesto el cinefotógrafo Alex Phillips, Jr.-. Los caminos de Servando, Enrique, Mórbido y su servidor confluyen en muchas maneras. En su momento, Frankenstein nos unirá de nuevo.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió la obra de teatro “El hombre que fue Drácula” y es co-conductor del programa de radio “Horroris causa”. Fue Perito en Arte Forense de la Procuraduría de Justicia capitalina. Esta columna Tinta negra se encuentra en reposo pero regresará, como James Bond.

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Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.