Hay muchos actores, pocos hacen de su oficio un arte. Max von Sydow estuvo entre los últimos.

Su presencia en pantalla fue siempre fascinante e impactó a los cinéfilos de todo el mundo desde que se sentó a jugar el juego de ajedrez más importante de su existencia en El Séptimo Sello, de Ingmar Bergman. Después, fue el mismo Jesús en La historia más grande jamás contada y después fue seleccionado para encarnar al padre Lankester Merrin en la seminal El Exorcista.

Con una presencia férrea y una voz poderosa, encarnó también a Ming, el Despiadado, villano principal en la adaptación cinematográfica de Flash Gordon, fue el misterioso y diabólico Leland Gaunt en la versión para cine de Cosas Necesarias, de Stephen King y también proporcionó la voz para Vigo el Cárpata en Cazafantasmas II.  En televisión tuvo muchos papeles, pero quizás el más recordado en fechas recientes sea el del Cuervo de los Tres Ojos en Game of Thrones. Jamás decepcionó, su mera presencia elevaba la calidad de cualquier producción en la que estuviese involucrado.

Parafraseando a Lor San Tekka (Star Wars: El Despertar de la Fuerza), uno de sus últimos papeles, para ustedes era un actor, pero para nosotros, siempre será realeza.

Max von Sydow tenía 90 años al morir.

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