FELIZ DÍA DEL (ASESINO) NIÑO

Hoy (30 de Abril), celebramos el día del niño en México. Sólo basta ver un calendario, el doodle de Google o algún collage Godínez en la recepción de la oficina para darse cuenta que es una extraordinaria fecha para viajar al pasado, recordar esos momentos que nos marcaron de por vida e influyeron en lo que somos hoy. En lo personal, tuve una infancia bastante feliz. Recuerdo mis tardes jugando con vecinos y amigos, andando en bicicleta, practicando todo tipo de deportes (que odiaba, uno tras otro) y dibujando cosas mórbidas que, al principio, preocupaban a mis papás pero que después, al notar que no era un psicópata, se convirtieron en aficionados y grandes entusiastas.

Los niños son símbolo de la inocencia. Los cursis dirán que son el futuro del mundo y que con sólo verlos al ojos podemos ver toda la esperanza que podría salvar a este planeta. Otros, menos empalagosos, dirán que son afortunados al no tener responsabilidades, y recibir todo tipo de atenciones con hacer carita de perro triste. En fin, eso creía yo. Reconozco haber sido un nostálgico y al comenzar a escribir este artículo recordé muchas de las cosas que viví cuando era un vil infante y, acepto haber extrañado muchas de las alegrías y privilegios que tenía. Pero créanme que cuando terminen de leer estos párrafos jamás verán a los niños de la misma manera. De preferencia, si tiene a un escuincle en la habitación o sus hijos están cerca de ustedes, aléjense. Confíen en mí, esto disminuirá el trauma post lectura.

4112124_f248Comencemos con la historia de una ¿tierna? niña vivía al norte de Londres en 1968. Mary Bell no tuvo la mejor infancia. Su madre, una prostituta, jamás la quiso, su tía se hizo responsable de ella, pero eso no mejoró la situación. Familiares han declarado que tuvo una niñez llena de traumas, fue forzada a consumir drogas y desde los dos años se distanció de todos los que la rodeaban.

A los once años, Mary aparentaba ser una niña común y corriente, hasta que comenzó a actuar y decir todo tipo de cosas extrañas y violentas a sus compañeritos de clase. Se hacía llamar “asesina”, alegaba haber matado a dos pequeños niños del vecindario. Como era de esperarse, nadie le creía hasta que la policía encontró dos cadáveres,  uno pertenecía a Martin Brown de cuatro y el otro, a Brian Howe de tres. Ambos mutilados, torturados y posteriormente estrangulados. La investigación fue tan complicada y los asesinatos tan bien ejecutados, que se llegó a creer que se trataba de accidentes. Hasta que decidieron interrogar a los niños que jugaban en el mismo parque. Al llegar a Mary, los detectives notaron cierta actitud y la colocaron en la lista de sospechosos.

4116053_f248 El día del funeral de Brown, la sospechosa de once años asistió. El policía declaró haberla visto gozando la ceremonia. Una sonrisa de oreja a oreja y las manos frotándose mientras reía. Llevaron a Mary a la mesa de interrogatorios de nuevo, sólo que esta vez la pequeña se echó de cabeza al decir que vio a un par de jóvenes con tijeras. Los investigadores habían encontrado un par de éstas en la escena del crimen, pero habían mantenido dicha evidencia en total secreto. Mary aceptó los crímenes al poco tiempo, incluso se encontraron marcas con forma de “M” en el estómago de uno de los cuerpos y una carta escondida en una de las escenas que decía: “Asesiné para poder volver”. Bell cumplió una breve condena de 12 años en prisión. Fue liberada y una identidad desconocida le fue otorgada.

Cada vez pierden inocencia los escuincles, ¿no? Sino aún ven a sus hijos con ilusión y son inevitables los nudos en la garganta al ver a su nuevo sobrinito, permítanme contarles otro caso.

Todos conocemos, conocimos o incluso fuimos un chamaco malcriado que pedía todo llorando y pataleando. Sin duda, esos niños no merecen ser celebrados hoy, sobretodo Joseph McVvay, chamaco nacido en Ohio. Su madre,  trabajaba y se desgastaba por el bien de sus dos hijos. Una noche, la señora McVay le pidió a su hijo traer más leños para la fogata. Joseph, un consentido insoportable, se negó. Lo que comenzó como una discusión se convirtió en una calurosa pelea, o al menos eso es lo que testificó un vecino que terminó por llamar al 911. Los gritos y berrinches terminaron por el sonido de un balazo.

6160755_f248Cuando la policía llegó a la residencia McVay, encontraron a la señora boca abajo con un proyectil incrustado en la frente. Joseph, al negarse a hacer lo que su madre le pedía fue por la pistola que guardaban por seguridad y le disparó. Su confesión no fue necesaria, pues su hermana de 15 fue testigo. Vaya trauma con el que ha de haber crecido.

Comienzo a pensar que muchos de ustedes ya están dudando en procrear. Mas vale prevenir que lamentar. Mejor adopten cachorros, son más nobles y no tienen pulgares lo que les hace imposible sujetar una armas. Si otros aún creen en la inocencia de los infantes e insisten en echarle al culpa a la mala educación y traumas que vivieron de pequeños, a ver que opinan después de este último caso.

4076459_f248Los pubertos de doce se creen todos unos adultos, pero son inmaduros, ajenos a la realidad, dependientes y en algunos casos, rebeldes irresponsables. Las niñas (y no estoy generalizando, queridas lectoras mórbidas), suelen ser más agitadores que los niños. Comienzan a sentirse atraídas por el sexo opuesto, la curiosidad las invade y consideran a los de su edad como unos inmaduros. O bueno, eso fue lo que pasó con Jasmine Richardson.

Una noche, decidió asistir a un concierto de punk. Ahí conoció a un tipo perteneciente al movimiento gótico, su nombre era Jeremy. Se enamoró y todo era perfecto hasta que sus padres se enteraron de su relación y le pidieron que lo dejara, cosa que ella jamás hizo. La presión llegó a tal grado, que Jasmine hizo algo que demostró su falta de madurez. Tomó el arma del cajón y asesino a sangre fría a sus padres y hermano. Al principio la policía pensó que Jasmine había sido secuestrada, tras investigaciones dieron con ella y su novio. Se convirtió en la joven con la mayor sentencia aplicada en Canadá a una menor.

Al escribir semana con semana sobre asesinos, se comienza a perder fe en la humanidad. El asco hacia la gente es cada vez mayor, pero los niños eran esa pequeña esperanza que quedaba viva…bueno hasta esta semana. Creo que absolutamente nadie se libra de ser un psicópata, ni tu nuevo sobrinito al que no paras de tomarle fotos en Instagram.

Por PEDRO SOTO DE LANDA 

 

 

 

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