Por Roiz

*Sin alerta de spoiler, lea con confianza. 

Después de la euforia del Óscar con Quisiera ser millonario (Slumdog Millonaire), del monólogo dramático 127 horas y el despilafarre de las Olimpiadas de Londres, Danny Boyle (Manchester, 1956) regresa con una película que vuelve a sus orígenes como director. No me refiero a Trainspotting, sino a Shallow Grave, su opera prima. Ese pequeño thriller en donde tres amigos se ven envueltos en una trama de envidia y locura. Algo me recuerda de esa película oscura de los 90, a su última película En trance (Trance) que se estrena en nuestro país este día.

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En Trance también son tres personas que se ven envueltas en una historia que no es lo que parece. Un subastador de arte (James McAvoy) es contratado por un ladrón (Vincent Cassel) para el robo de un cuadro a ser subastado. En el momento de la subasta, se escuchan alarmas y se disparan gases lacrimógeno, la gente de Franck (Cassel) se dispone a robar la pieza en complicidad con Simon (McAvoy). Él procede a asegurar la pieza más costosa de la subasta, en un proceso para lo cual ha sido entrenado, mientras el caos en la sala se desata. Todo estaba acordado: Simon daría el cuadro a Franck, fingiendo toda la farsa del robo. Pero algo sucede mal: Simon decide no darle el cuadro a Franck, atacándolo. Él se defiende golpeándolo en la cabeza y pierde la memoria.

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Se trata entonces de una especie de Inception y el robo de la pieza de arte, porque Simon no recuerda en dónde dejó el cuadro. Es entonces en dónde entra Elizabeth (Rosario Dawson), una psicoterapeuta que usa la hipnosis en sus tratamientos. Es contratada por Franck para extraer (en vez de insertar, como Inception) el recuerdo del lugar en dónde dejó la pieza. Trance es una película que precisamente nos pone en ese estado, pensamos que todo es de cierta forma, pero no.

Boyle nos va dando pistas en toda la película, no podemos ni siquiera parpadear. En una época en la que el cine comercial está repleto de tramas refriteadas, segundas y terceras partes, “reimaginaciones” y demás, Trance nos muestra una historia original contanda de una manera sensacional (el soundtrack, y la fotografía de Anthony Dod Mantle, impresionante) y vertiginosa. Tenemos que poner atención hasta el último momento y, al final, cada quien saca sus conjeturas.

Trance es un respiro a la avalancha de continuaciones que inunda nuestra cartelera. Recuerden que, desde hoy, está en cines.