Por Roiz

El libro de la escritora japonesa Yoko Ogawa, 寡黙な死骸みだらな弔い (Kamoku na shigai midara na tomurai), podría traducirse libremente en: Funeral indecente de un cadáver silencioso. Su edición en inglés fue traducida como Revenge: Eleven Dark Tales, pero no son historias sobre funerales (no literalmente), ni se trata de historias de venganza (tampoco literalmente). Lo interesante de la narrativa de la escritora, nacida en la ciudad de Okayama en 1962, ganadora de casi todos los premios literarios en su nativo Japón; es que sus historias son ambivalentes. Hablando de la normalidad sale lo extraordinario y cuando se refiere a la belleza, sale lo horripilante.

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Podrían ser historias de realismo mágico, de momentos parece una mezcla entre Murakami y García Márquez.  Existen elementos verosímiles, pero la fantasía y el terror siempre se hacen presentes. Encontramos relatos en los que una señora planta zanahorias y las cosecha en forma de una mano humana, otro en el que una cantante sufre una condición extraña pues su corazón se encuentra fuera del cuerpo y solicita a un creador de bolsas que fabrique una especial para el órgano. Una más, en la que un tigre de Bengala muere a manos de un cuidador de un museo de tortura.  Historias de este tipo, el tipo de Yoko Ogawa.

Revenge compila once historias mórbidas (la muerte siempre está presente en la narrativa japonesa), las cuales se encuentran poco a poco. Por ejemplo, una chica visita una casa antigua y se da cuenta que es el museo de la tortura de la historia del cuidador del tigre de Bengala, en donde cada instrumento es auténtico y ha sido utilizado para torturar realmente.

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En interesante ver que los cuentos se entrelazan y las historias de mezclan. Encontramos personajes de los primeros relatos en los siguientes, casi como si todos se estuvieran contando al mismo tiempo.

Ogawa presenta de manera sencilla y breve, en las 14 ó 15 páginas de cada cuento, historias llenas de significado y aparentemente normales, pero que se quedan en la mente mucho tiempo después de leerlas.

Shakespeare decía en La Tempestad: “Estamos hechos de la misma materia que los sueños. Nuestro pequeño mundo está rodeado de sueños”. De esa misma materia están construidos los cuentos de Yoko Ogawa, sólo que esta vez son pesadillas.

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